De París a Instagram: el origen de la fotografía Boudoir
La fotografía boudoir no empezó con Instagram. Ni con las sesiones de San Valentín. Y, curiosamente, tampoco empezó exactamente como un género fotográfico.
Para encontrar su origen hay que ir bastante más atrás y empezar por la propia palabra.
Boudoir es un término francés que originalmente describía una habitación privada de la casa, generalmente asociada a una mujer: un pequeño salón, dormitorio o tocador apartado de los espacios más públicos.
Era, en otras palabras, un espacio íntimo.
Y esa idea de intimidad acabaría dando nombre mucho después a un tipo de fotografía.
Antes del boudoir estaba el retrato íntimo
Desde los primeros años de la fotografía existieron imágenes que exploraban el cuerpo, el desnudo y la intimidad.
Pero no todo retrato íntimo es boudoir.
Durante finales del siglo XIX y principios del XX encontramos fotografía artística, estudios del cuerpo, postales, imágenes eróticas y retratos de actrices y bailarinas que empiezan a construir parte del lenguaje visual que hoy relacionamos con el género.
La iluminación, las telas, los interiores, las poses y esa mezcla entre mostrar y sugerir ya estaban presentes mucho antes de que habláramos de “sesiones boudoir” como lo hacemos ahora.
Hollywood también tuvo bastante que ver
Con el desarrollo del cine y de las grandes estrellas del siglo XX apareció otra influencia fundamental: el retrato de glamour.
Piensa en aquellas fotografías de Hollywood con iluminación dramática, piel luminosa, vestidos, sombras perfectamente colocadas y poses cuidadosamente dirigidas.
Fotógrafos como George Hurrell ayudaron a construir esa estética.
No era exactamente boudoir en el sentido actual, pero muchas de sus herramientas visuales siguen funcionando hoy: controlar la luz, estilizar el cuerpo mediante la pose y crear una versión cinematográfica de la persona que tenemos delante.
Y personalmente, esa conexión con la fotografía de moda y el retrato editorial me sigue pareciendo una de las partes más interesantes del Boudoir.
De modelos y actrices a personas que nunca han posado
Probablemente esta sea la evolución que más ha cambiado el género.
Durante buena parte de la historia de la fotografía, las imágenes sensuales que llegaban al público estaban protagonizadas principalmente por modelos, actrices, bailarinas o celebridades.
El Boudoir contemporáneo cambió esa relación.
La persona que está frente a la cámara ya no necesita ser una modelo profesional. Puede ser alguien que jamás ha hecho una sesión fotográfica. Y eso cambia también el trabajo del fotógrafo.
Ya no basta con saber iluminar y presionar el disparador. Hay que saber dirigir, comunicar, leer cuándo una postura resulta incómoda, encontrar qué funciona para cada cuerpo y conseguir que alguien que hace diez minutos decía “yo no sé posar” deje de preocuparse por ello.
Para mí, ahí está buena parte del boudoir actual.
¿Cuándo se convirtió el Boudoir en lo que conocemos hoy?
No existe un día concreto en el calendario en el que alguien inventara oficialmente “la fotografía boudoir”.
El género que conocemos actualmente es el resultado de muchas influencias: el retrato, el desnudo artístico, la fotografía de glamour, la moda, el cine y la fotografía editorial. Con el tiempo, las sesiones íntimas dejaron de estar reservadas a modelos o publicaciones y empezaron a ofrecerse como una experiencia fotográfica personal.
Después llegó la fotografía digital. Y más tarde las redes sociales.
De repente, el boudoir dejó de ser un género relativamente minoritario y comenzó a aparecer en portfolios de fotógrafos de todo el mundo.
Eso también multiplicó los estilos.
El Boudoir actual no tiene una única estética
Si buscas hoy “boudoir photography” encontrarás cosas completamente diferentes.
Habitaciones luminosas y sábanas blancas.
Fotografías oscuras con una sola fuente de luz.
Estética pin-up.
Minimalismo.
Blanco y negro.
Imágenes románticas.
Producciones muy sensuales.
Y sesiones que podrían aparecer perfectamente en una revista de moda.
Todas pueden entrar bajo el mismo término.
Por eso creo que actualmente Boudoir describe más una intención y un contexto que una estética concreta.
Y eso me parece mucho más interesante que intentar decidir qué aspecto “debería” tener.
¿Boudoir significa lencería?
Esta asociación es relativamente moderna y, aunque tiene sentido, puede resultar bastante limitante.
La lencería funciona muy bien fotográficamente y evidentemente forma parte de muchas sesiones. Pero reducir el boudoir a fotografiar a alguien en ropa interior deja fuera una enorme cantidad de posibilidades.
Puedes hacer una sesión con una camisa masculina.
Con un vestido.
Con un traje.
Con un body.
Con unos jeans.
O utilizando únicamente luz, sombras y una sábana.
Lo que convierte una imagen en boudoir no es una determinada prenda.
De la sensualidad a la personalidad
Hay otra evolución del género que personalmente me interesa mucho.
Durante años, buena parte del lenguaje alrededor del boudoir insistió en palabras como “sexy”, “seductora”, “atrevida” o “empoderada”.
No creo que haya nada malo en ninguna de ellas.
Pero tampoco creo que todas las mujeres tengan que querer verse de esa manera.
Quizá quieres verte elegante. Fuerte. Natural. Sofisticada. Vulnerable. Editorial. Minimalista.
O simplemente verte como tú, pero desde una perspectiva a la que no estás acostumbrada.
El Boudoir contemporáneo permite todo eso.
Mi manera de entender el Boudoir
Cuando preparo una sesión en Toni Vega Studio, no intento reproducir una fórmula fija.
Mi referencia viene tanto del Boudoir como del retrato y de la fotografía de moda.
Me gusta trabajar con la luz, construir la imagen, dirigir la pose y encontrar ese punto en el que una fotografía puede ser sensual sin resultar obvia.
Pero sobre todo me interesa que la persona que aparece en la fotografía siga siendo reconocible. No quiero que tengas que interpretar un personaje durante toda la sesión.
Podemos experimentar, por supuesto. Podemos construir una versión mucho más editorial de ti.
Podemos utilizar un estilismo que jamás llevarías para ir al supermercado —y probablemente sea mejor así—. Pero al final quiero que mires las fotografías y pienses:
“Sí. Esa soy yo.”
Quizá una versión que no ves todos los días.
Pero tú.
Boudoir en CDMX hoy
Actualmente realizo sesiones boudoir en Ciudad de México, con opciones de espacios privados en Polanco y Roma Norte, además de otras locaciones cuando el concepto lo requiere.
Las personas que llegan a mi cámara tienen edades, cuerpos, historias y motivos completamente diferentes.
Muchas nunca han posado.
Y eso, después de toda la evolución que ha tenido el género, quizá sea una de las cosas que mejor define el boudoir contemporáneo:
Ya no necesitas pertenecer al mundo de la moda, ser actriz ni saber posar para ocupar el centro de una fotografía.